Grave enfermedad afecta a los Santarroseños, ¡LA ENVIDIA!
Grave enfermedad afecta a los Santarroseños,
¡LA ENVIDIA!
La
definición más cercana para la envidia, la hizo el filósofo Aristóteles: “con
todo, podría parecer que la envidia se opone a la compasión, suponiéndola muy
próxima y de la misma naturaleza que la indignación, y, sin embargo, es lo
contrario; porque la envidia es un pesar turbador y que concierne al éxito,
pero no del que no lo merece, sino del que es nuestro igual o semejante”. La Envidia, es uno de los grandes problemas que aqueja no solo a los Santarroseños si no a los
colombianos . Y que, a pesar que en otras culturas, actitudes como
el odio puede generar acciones políticas hacia el desarrollo, la envidia no
genera sino destrucción y atraso.
Se
dice que padecemos el síndrome de Solomon cuando tomamos decisiones o adoptamos
comportamientos para evitar crear conflictos o nos boicoteamos para mantenernos
en el camino que sigue la mayoría. De forma inconsciente, muchos tememos llamar
la atención en exceso, o triunfar, por miedo a que nuestros
logros ofendan o despierten la envidia de los demás. El
síndrome de Solomon, por un lado, pone al descubierto nuestra falta de
autoestima, buscando siempre la aceptación de las otras personas. Y por otra,
seguimos formando parte de una sociedad en la que se tiende a condenar el
talento y el éxito ajenos. Aunque nadie hable de ello, en el profundo de
nuestro ser está mal visto que nos vayan bien las cosas. Es conocido el dicho,
que las personas nos quieren ver bien, pero nunca mejor que ellos.
Detrás de este tipo de conductas se esconde un
virus tan escurridizo como letal, que no solo nos enferma, sino que paraliza el
progreso de la sociedad: la envidia, este deseo de algo que no se posee, lo que
provoca “tristeza o desdicha al observar el bien ajeno”. La envidia surge
cuando nos comparamos con otra persona y concluimos que tiene algo que nosotros
anhelamos. Es decir, que nos lleva a poner el foco en nuestras carencias, las
cuales se acentúan en la medida en que pensamos en ellas. Así es como se crea
el complejo de inferioridad, sintiéndonos menos que otro que tiene más.
Bajo el embrujo de la envidia somos incapaces de alegrarnos de la prosperidad de nuestros amigos. De forma casi inevitable, estas actúan como un espejo donde solemos ver reflejadas nuestras propias frustraciones. Sin embargo, reconocer nuestro complejo de inferioridad es tan doloroso, que necesitamos canalizar nuestra insatisfacción juzgando a la persona que ha conseguido eso que envidiamos. Solo hace falta un poco de imaginación para encontrar motivos para criticar a alguien.
En Santa Rosa de Viterbo, esa envidia ha llevado a algo muy particular, una especie de regionalismo a la inversa, donde se prefiere comprarle a alguien que no sea del Municipio para que el vecino no triunfe, donde se apoyan más los negocios de los "fuereños", donde se espera que al otro le vaya mal para decir: "Se le advirtió, pobrecito", y si le va bien: "Está haciendo algo malo o ilegal". De esta manera se evita apoyar los negocios pequeños para que no surjan, esta envidia por años le ha hecho gran daño a nuestra comunidad, y se ha visto en impregnar todos los rincones de la sociedad y hasta en la política.
Pero, ¿Cómo podemos evitar
que la envidia trascienda y afecte a nuestro Municipio?: Reusándonos a que el éxito ajeno nos afecte negativamente,
comencemos a admirar y aprender de las cualidades y las fortalezas que han
permitido a otros alcanzar sus sueños. "Si bien lo que codiciamos nos destruye,
lo que admiramos nos construye". Esencialmente porque aquello que admiramos en
los demás empezamos a cultivarlo en nuestro interior. Por ello, la envidia es
un maestro que nos revela los dones y talentos innatos que todavía tenemos por
desarrollar. En lugar de luchar contra lo externo, debemos aprovecharla para construirnos
desde adentro. Y en el momento en que superemos colectivamente el complejo de
Solomon, posibilitaremos que cada uno aporte de forma individual a la construcción de Sociedad y al progreso de nuestro Municipio.
Por:
Psicóloga
y
Juan Carlos Moreno Cristiano

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