LO QUE OCURRE EN EL PAÍS ¡NO PUEDE SER IGNORADO!
LO QUE OCURRE EN EL PAÍS ¡NO PUEDE SER IGNORADO!
Reflexiones paro Nacional 2021
Valga resaltar que, hoy en día, expresar la opinión se ha
convertido en un verdadero
riesgo: ser tachado de “Petrista
o Uribista”, por ejemplo, con
el único fin de quitarle peso a los argumentos.
Sin embargo, lo que ocurre en el país, a causa de esta protesta, no debe pasar desapercibido por ningún
colombiano. Por ello, trataré de hacer un análisis imparcial y objetivo, visto desde
la academia, sobre sus causas y efectos.
Iniciaré con un poco de historia. Colombia nació hace 210 años
(1810), como un “Estado social de derecho”, cuyo objetivo es tener una sociedad
más justa; pero desde su fundación, se ha visto estremecida por un sin número de
hechos violentos, pilares sobre los que se ha cimentado nuestra sociedad. Este
pasado violento nos persigue y nos impide avanzar como nación.
Santa Rosa de Viterbo no se ha visto tan afectada, más allá
del incremento de algunos productos y el cierre de las vías (lo que impidió inicialmente
comercializar los productos agropecuarios), pero, en nuestro municipio, tenemos
un índice de desempleo cercano al 30%, con escasa industria y poca actividad
agropecuaria, debido a que ninguna administración se ha enfocado en la
generación de empleo. Tal vez quise decir que ya estábamos mal antes del paro y
no fuimos impactados por las consecuencias de éste.
Las nutridas marchas de estos meses, han estado integradas
por diferentes grupos sociales; muchos ciudadanos, cansados de la situación que
vivimos, salieron a las calles de manera mayoritariamente pacífica a exigir un cambio
necesario. Pero, algunas de estas manifestaciones se han tornado violentas a
raíz del choque de puntos de vista contrarios (fuerza pública, manifestantes, y
ciudadanos apáticos al paro), acusándose mutuamente de incitar a la violencia.
Y, al fin de cuentas, se ha perdido la vida de al menos 19 personas, y cerca de
1.000 heridos (entre manifestantes y policías). Estos dolorosos episodios de
sangre enlutan la legítima protesta y polarizan aún más el país.
Con todo, la protesta y el descontento
que nació con una inconsciente reforma tributaria, en tiempos de pandemia, ha logrado
la caída de ministros, el retiro de varios proyectos de ley (reformas), y que el
gobierno se siente a negociar.
Este descontento social ha estado presente desde hace
siglos, tal como se mostró en las protestas de noviembre de 2019, debido a que,
desde la creación de este nuevo país, nunca se ha logrado el objetivo de una sociedad
más justa y equitativa; por el contrario, tenemos un país no muy diferente a la
época de La Colonia: instituciones débiles, corrupción y desigualdad social que,
infortunadamente, nos posiciona en el primer lugar en América latina.
Políticamente hablando, nos jactábamos de ser una de las
democracias más antiguas y estables del continente (fuerte reglamentación
jurídica y partidos políticos que abrazaban las políticas liberales, el libre
mercado, y nos llevaban hacia el progreso), pero hoy vemos que algunos de estos
partidos tradicionales, crearon un monopolio de las instituciones de gobierno
para sus propios intereses. Es cierto que el Estado ha contribuido de una manera
notoria a mejorar el acceso a la educación superior (técnica, tecnológica y
profesional), para estratos bajos (estudiantes de Universidad Pública), pero
después de grandes esfuerzos a fin de obtener un título, asoma la falta de
oportunidades laborales, y sin éstas, ¿cuál es el camino para salir de la pobreza?
Este panorama de descontento social es general, lo que
conduce a una anarquía, desobediencia social, derivada de un Estado que no ha
logrado satisfacer las necesidades colectivas. Se está rompiendo el contrato social
propuesto por Rousseau, donde, como ciudadanos, le es cedido, a una persona, el
poder de gobernarnos, a cambio de que él/ella trabaje por el bienestar de sus
gobernados; pero como este contrato es bilateral, una de las partes no puede
exigir el cumplimiento de las obligaciones contraídas por la otra si ella misma
no prueba haber cumplido las suyas “exceptio non adimpleticontractus”. En
síntesis:
“si el Estado no cumple con su
deber de trabajar por el bien común, no puede pretender que sus gobernados cumplan
con sus obligaciones”.
El tejido social está cada vez más roto, algo que ha venido
sucediendo históricamente: la guerra civil de 1860-1862, desde 1964 las guerrillas,
en 1981 el paramilitarismo, desde 1985-1998 guerra entre Estado y narcotráfico.
Actualmente, en estas protestas los manifestantes se han
enfrentado creando facciones ciudadanas. Somos un país tradicionalmente dividido,
donde tenemos pocos intereses compartidos. Más allá del futbol, cada uno marcha
por su lado, y a futuro no se ve una unión, mucho menos si nuestros líderes alimentan
la división social con fines meramente electorales.
Ya he indicado que las instituciones del Estado son
débiles, no priorizan el bien común, y no han sido asertivas en sus políticas
sociales. Sumado a esto, tenemos una sociedad que desconfía completamente en sus
instituciones, impactando directamente en la gobernabilidad. Si una sociedad no
confía en su policía o en la administración de justicia, está condenada al
desastre; es imperioso lograr que las instituciones del Estado vuelvan a contar
con la confiabilidad del pueblo, y para esto se necesitan cambios de fondo.
Finalmente, debo referirme al papel de los jóvenes –principales
actores en esta protesta –, insatisfechos con el gobierno y con las pocas oportunidades
que brinda el Estado para el desarrollo de un proyecto de vida, toda vez que, las
posibilidades de lograr un empleo digno y bien remunerado son pocas. Los jóvenes
no se sienten representados ni respaldados por el Estado. Por ello, éste y la
sociedad deben ser receptivos ante sus reclamos, atenderlos y solucionarlos en
la medida de las posibilidades, y, sobre todo, evitar que la juventud sea víctima
de manipulación y violencia; priorizar su
protección para evitar hechos dolorosos (muertos o mutilados).
Toda esta coyuntura constituye un muro imposible de
flanquear, y difícil de saltar, y la problemática no se resuelve en una mesa de
negociaciones; será necesario recomponer el tejido social, recuperar la gobernabilidad
a través de unas instituciones fuertes y confiables, establecer políticas
públicas que prioricen el empleo y protejan los productos nacionales. Se
necesita un gobierno más empático con las necesidades de su pueblo.
Por: Juan Carlos Moreno Cristiano
Estudiante de Administración Pública
ESAP

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